|
Familia -
Homilía pronunciada en la capilla del Convento Santo Tomás de Aquino, Costa Rica
“Busquen la justicia” (PDF - 61 Kb)
Fray Guillermo Chaves Pochet O.P. *

En pocos días estaremos iniciando el tiempo litúrgico de la Cuaresma, momento fuerte en nuestra vida cristiana que habrá de refrescarnos la memoria sobre las exigencias evangélicas de la conversión a la justicia y a la misericordia. Será, como siempre, un tiempo de reflexión para abrirle camino a la esperanza y que nuevamente pondrá al descubierto aquellas realidades humanas de pecado que a diario crucifican las ansias del pueblo pobre de comer pan, con tranquilidad, sin condiciones.
Habrá de ser un tiempo de reflexión y de compromiso para continuar con el empeño de construir la paz en cualquier región del planeta, desde Calle Fallas* hasta Irak, tarea en la que estamos involucrados la parte buena de la humanidad, cansados de tanto estropeamiento a la dignidad de la persona y de los pueblos, desde el santuario de vida que somos cada uno de nosotros hasta el santuario de vida que es la creación entera, en cualquiera de sus manifestaciones.
Nos vamos a acercar a este tiempo de discernimiento personal y comunitario en un momento gravísimo de nuestras historias familiares y comunitarias, en una hora que podríamos llamar “hora difícil”, hora difícil que impide festejar la felicidad, esa única felicidad que nace del regazo de Dios y que lleva por nombre ¡Justicia!.
A pocos días del miércoles de ceniza, Sofonías nos adentra en este camino de cruz y resurrección señalando a un puñado de gente pobre y humilde como los que serán purificados y estarán cubiertos de desgracias el día en que se acabe la paciencia de Dios, el día de la ira del Señor, como lo recuerda la primera lectura.
Este pueblo pobre y humilde está censado, desde ayer hasta hoy, en una larga lista que llega hasta el Evangelio, con nombres y rostros muy cercanos a nosotros, cuando no de nosotros mismos.
Es el drama de la humanidad que el salmo (145) identifica como los oprimidos, cautivos, agobiados, forasteros, viudas y huérfanos; es el drama de la humanidad a las que San Pablo en su carta ( 1ª Corintios: 1, 26-31 ) identifica como los que no valen nada: los ignorantes y débiles, los insignificantes y despreciados de este mundo; es el drama de la humanidad a quienes el mismo Jesús se dirige: los pobres, los que lloran, los que sufren, los perseguidos por causa de la justicia, los hombres y mujeres justos a los que se les injuria, persigue, los hambrientos de justicia, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz.
Es el drama de la humanidad y de esta parte del mundo llamada Centroamérica a la que los obispos se refirieron recientemente como la “Centroamérica golpeada” en miles de hombres y mujeres emigrantes, la Centroamérica golpeada por la violencia, por los tratados de libre comercio (TLC) , la corrupción, la delincuencia y lo que se hace llamar, también dramáticamente, la cultura de la muerte.
Después de este censo solo nos queda la desaparición total de los que no valen nada según los criterios humanos, como ya ocurrió con las aldeas indígenas cuando la guerra en Guatemala hace apenas 20 años o durante la segunda mundial cuando millones de personas fueron exterminadas en los campos de concentración nazis o los miles de niños africanos que murieron recientemente por causa de la hambruna o los miles de niños víctimas inocentes de la guerra en Bagdad o Mozul , imágenes y nombres que nos son muy familiares.
Y es que la voz de Sofonías aparece en una hora también muy difícil para Israel: hay persecución por su fe y queda enmudecida la Palabra de Dios, no brilla la esperanza y la felicidad se aleja como manifestación significativa de la salvación.
El profeta entonces insta a “buscar”. Debe haber algo o alguien por allí, en medio de la confusión y de la resequedad, que ayude a encontrar formas de vida y de relacionarse que no sean las mismas formas de vida de los que cometen maldades, dicen mentiras y seducen con sus lenguas embusteras.
La Palabra, el verbo con el que se abre el mensaje de la lectura ( Sofonías 2,3; 12-13 ) es “buscar”. Hay que buscar y hasta rebuscar, diría el profeta, hasta encontrar o toparse con alguien o con algo que oxigene, que le de aire, que vitalice y devuelva la alegría al corazón de aquella pequeña comunidad de ignorantes llamada “resto de Israel”, desilusionado de todo, miserablemente confundido entre la ignorancia y el desprecio.
¡Busquen!, grita Sofonías . Digo “grita” porque no me imagino a un profeta hablando por debajo, entre susurros o entre dientes, como quien no quiere la cosa; a duras penas decimos a veces.
Me gusta la imagen del profeta que “grita”, que a fuerza de decir verdades le cambia la voz y le agarra ronquera. Grita: ¡busquen!, descubran algo nuevo, traten de hallar entre el desorden y la confusión algo o alguien que les cambie la vida y les ayude a cumplir los sueños. Si no buscan, gritaría Sofonías , no van a estar tranquilos y no descansarán porque hay quienes, y a veces muchos, que les seguirán ô? molestando.
Nada más imaginémoslo gritando “ busquen ”, como otros que conocemos; Juan el Bautista , por ejemplo que vocifera: “abran camino” o Monseñor Romero clamando desde el altar de la Catedral de San Salvador : ¡Cese la represión!
El silencio al que los sabios y poderosos de este mundo han sometido la paciencia y la dignidad de nuestros pueblos, han hecho que surjan, en la Iglesia y en la sociedad, voces gritonas, aunque no siempre, lamentablemente. De tanta labia y mentira los oídos se atrofian y la enfermedad del miedo y del silencio corren por el cuerpo paralizando la vista, los pies y las manos.
Pueblos y personas se han quedado paralizados en sus desventuras a fuerza de golpes que les vienen por todos lados, negándoseles de muchas maneras el derecho a vivir y usurpándoles la felicidad a costa de sus propias satisfacciones egoístas y opulencias desmedidas. Hoy día esta casta de agresores tiene nombre:
En el Real Madrid, por ejemplo, de España, tres jugadores -un brasileño un inglés y un francés- reciben, juntos, salarios anuales de 42 millones de dólares, equivalente al presupuesto anual de la capital de El Salvador, con cerca de 1.8 millones de habitantes.
No es verdad que todos nacemos iguales, como dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Somos desiguales antes incluso del parto. La gestación de una mujer pobre no se puede comparar con la de una rica. Basta comparar el peso de sus bebes y sus defensas orgánicas.
Dos terceras partes de la población mundial 4 mil millones de personas ni siquiera disponen de alimentación en cantidad y calidad suficiente. En 1960 había en el mundo 1 rico por cada 30 pobres; hoy la proporción es de 1 rico por cada 80 pobres.
Millones de personas sobreviven en función de sus necesidades básicas inmediatas: acceso a lo mínimo de alimentos, de agua, de salud, de vivienda. Tienen suerte cuando encuentran empleo y educación.
Sofonías clama, en primer lugar, por la búsqueda de algo y de alguien totalmente diferente a lo que otros ya hallaron, esos otros que hallan y centran la felicidad en la acumulación de bienes a costa de robos descarados o esos otros dispuestos a militarizar el planeta a precio de sangre y petróleo. Unos y otros tienen seguidores y fanáticos, algunos por envidia y otros por convicción.
La novedad de las bienaventuranzas del Evangelio ( Mateo 5, 1-12 ) es que tienen su corazón en la voz de los profetas que gritan: ¡Busquen a Dios!, busquen la justicia ustedes, los humildes de la tierra, ustedes, como lo recuerda San Pablo, los ignorantes a quienes Dios ha elegido para humillar a los sabios, a los débiles, para avergonzar a los fuertes, para reducir a la nada a los que valen según los criterios humanos.
La novedad de la búsqueda es encontrar a Dios. En una hora tan difícil como esta que estamos viviendo, ¿Es posible encontrarlo entre tanto egoísmo? ¿Es posible este encuentro con otro tipo de felicidad, la que Dios proporciona, cuando somos testigos de no poca gente jalando cada una para su saco o llevando agua para su propio molino?
El Evangelio repite incasablemente la palabra ¡dichosos! Parece contradictorio que podamos encontrar dicha, felicidad y bienaventuranza en medio de tantas desilusiones y dramas humanos.
Con todo y todo le damos la bienvenida a las exclamaciones de Jesús que en esta hora difícil llama dichosos a quienes no valiendo ni un cinco a los ojos de los grandes, que siendo unos miserables desarropados sin más recurso para vivir que alentarse de buenos sueños e ilusiones, encuentran que tienen a Dios como centro de sus vidas, que parten de él y vuelven a él en las tormentas de sus vidas, sin ahogarse en un vaso de agua, con la misma libertad con que la lluvia que empapa la tierra, germina la semilla y vuelve a lo alto, empezando siempre de nuevo.
Con todo y todo nos sorprendemos con las palabras de Jesús que en esta hora difícil llama dichosos a quienes no se desvelan ni por el lucro o la ostentación, que no viven de apariencias ni fingen poseer para quedar bien ante los demás porque la mano de Dios les dirige sus planes, teñidos siempre de coherencia y verdad.
Como que hay dos maneras entonces de pasar por la vida: una, centrando nuestros comportamientos y acciones al estilo tradicional de los poderosos, que se afanan por poseer al margen de cualquier expresión de solidaridad. Aunque somos libres para escoger, ¡cuidado! porque este estilo de vida contagia y emociona aunque no tengamos ni donde caer muertos. No son pocos los que por aparentar en tener han ido a parar a la cárcel por no saber manejar sus tarjetas de crédito.
La otra manera de pasar por la vida es la de ganarse el pan con el sudor de la frente y procurarse lo necesario para vivir y repartir dignidad. Esta manera de vivir, alejada de las ambiciones del mundo y de sus formas egoístas de imponerse, abre, ensancha el espacio del corazón para que Dios fije allí su morada. Dios ha encontrado en ese corazón un amigo, una amiga, una familia, un pueblo que le entiende, que le respeta, que confía, que le ama.
En adelante este inquilino sabrá cuánta dosis de amor y de paz se merece el anfitrión que ha encontrado la felicidad anunciada por el profeta. Dios da a cada quien según necesidad.
Es oportuno que nos preguntemos, azuzados por la profecía de las bienaventuranzas y en la antesala de la cuaresma, si podemos llegar a ser dichosos, felices, solamente teniendo a Dios como el puntero que señala hacia dónde hemos de encaminar nuestras vidas.
No es mi deseo decepcionarlos pero esta manera de vivir con Dios y en Dios solo es para un resto, para un puñado de gente que escogió ser pobre y humilde y para quienes la gratificación no se hará esperar. Serán gratificados con el Reino de los cielos, serán llamados hijos de Dios porque trabajan por la paz y serán felicitados como María , también llamada dichosa porque fue anfitriona del amor hospedando en su vientre al hijo bienaventurado de Dios.
* Fray Guillermo Chaves Pochet O. P . ( guillermochaves47@hotmail.com ) es fraile dominico costarricense y sacerdote de equipo servidor de fin de semana en el Encuentro Matrimonial que peregrina en Costa Rica . Homilía pronunciada en la capilla del Convento Santo Tomás de Aquino en Calle Fallas de Desamparados, Costa Rica el domingo 30 de enero del 2005. Adaptación y edición de Víctor Fernández Castillo . ( tiquiciaencontrada@costarricense.cr )
Gracias a Víctor Fernández Castillo por compartir con los lectores de eMatrimony este regalo.
Marco ♥ Irma Saldaña,
2/01/2005
|