eMatrimony Logo

eMatrimony.org

Apoyando, Motivando y Retando a la Comunidad del Encuentro Matrimonial Mundial

Noticias
Cartas de Amor
Recursos
Dialogo
Invitando
Orando
Familia
Para Sacerdotes
Sitios de Interes
Contactos

 De Nuestros Sacerdotes

En virtud de la gracia 

 

“en virtud de la gracia, que Dios me ha hecho de ser sacerdote de Jesucristo… mi función sacra consiste  en anunciar la Buena Nueva de Dios,… para que la ofrenda de los hombres, consagrada por el Espíritu Santo, le sea agradable” (Rom 15,16)

 

Hace 20 años quise marcar mi camino en el ministerio sacerdotal con esta frase de san Pablo que escribía en la tarjeta de invitación a mi ordenación sacerdotal.

 

Tomando a san Pablo reconocía el gran privilegio que me concedía el Señor de ser “encargado de un ministerio sagrado” tan incomparable; resumía el ministerio en un vivencia de gracia por la cual debía ser, con todo mi ser, mensajero de la Palabra y celebrante de la Eucaristía.

 

Iniciaba un camino que me habría de dar agradables sorpresas y bendiciones…Era conciente, antes como ahora mas aún, de mis limitaciones. Sin embargo, mas que atemorizarme, reconocía mi fragilidad y podía afirmar como san Juan Crisóstomo: “No fue un hombre ni un ángel, ni un arcángel el que estableció el sacerdocio, sino el Espíritu Santo Consolador, el que hace que hombres llenos de debilidades puedan ejercer un oficio digno de ángeles”.

 

Era conciente que el sacerdocio es un regalo maravilloso de Dios y los regalos humanos son poca cosa en comparación de tan gran don. Por eso, a quienes me acompañaban en mi alegría, tomando unas palabras de san Paulino de Nola les recordaba y pedía: “Para que nada ignores acerca de mi, has de saber que fui por mucho tiempo un pecador y si en otro tiempo fui sacado de las tinieblas y de la sombra de la muerte para respirar el hálito de vida y puse la mano y tomé en mis manos la cruz del Señor, necesito, para perseverar hasta el fin, la ayuda de tus oraciones”

 

Así confiado, tomé “en mis hombros” las grandes responsabilidades que me eran confiadas por la Iglesia como sacerdote: mensajero del Evangelio, ofrecer en nombre de Cristo su sacrificio expiatorio e instruir al pueblo de Dios, aliviar el dolor humano con el balsamo del perdón y, para poder cumplir todo esto, esforzarme por la santidad, porque nadie da de lo que no tiene.

 

Con el paso de los años puedo reafirmar que no soy más importante por “lo que hago”, sino, sobre todo, por “lo que soy”; y puedo repetir con san Pablo: “No me enorgullezco de mí mismo, sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí”.

 

Y miro lo caminado, lo logrado, las dificultades sorteadas, y vuelvo a afirmar que si no fuese por la Misericordia Divina que me ha mantenido bajo la tutela de Espíritu Santo y por aquellos que, como uds a quienes hoy escribo, han caminado a mi lado, me han apoyado y animado en los momentos difíciles, han cuidado de mi, me han soportado mis limitaciones y excusado mis errores, y ante todo han orado mucho, mejor dicho muchísimo, por mi, no hubiera hecho mayor cosa.

 

Hago mía una oración de Mons. Alfonso Uribe Jaramillo, para antes del descanso, que aplico y arreglo a esta fiesta:

 

“Señor, termino este año que me diste para Tu gloria y Tu servicio.

Quiero confiarlo a tu corazón sacerdotal para que lo purifiques con Tu Amor y Misericordia.

Muchas han sido, sin duda, mis infidelidades y negligencias;

por eso me acojo a Tu Amor Sacerdotal que todo lo perdona y consume.

Gracias, ¡Oh mi Pontífice! Por todos los beneficios que me has concedido este año;

Tu bondad infinita me ha permitido consagrar este año a la glorificación de Tu Sacerdocio adorable;

Tu mano me ha guiado y Tu gracia me ha sostenido para no desfallecer ni apartarme de Ti.

Seguramente no he cumplido mi misión con la fidelidad que esperas de tus ministros; por eso me humillo delante de Tu Santidad y te pido la gracia de servirte mejor en el futuro.

Celebraré tu amorosísima Providencia en este año;

quiero que la Gloria sea toda para Ti;

quiero continuar ungido por tu Espíritu

y confiar en Tu Divina Fidelidad;

haz, Señor, que nada me aparte de Ti y que no te ofenda jamás.

Si me das otro año lo dedicaré a Tu gloria y a Tu servicio.

Concédeme la gracia de servirte siempre con generosidad y vivir únicamente para la glorificación de Tu sacerdocio adorable”

  

Este próximo 26 de Octubre, al renovar mi compromiso en la Eucaristía de Acción de gracias, estaré repitiendo lo que el día de mi ordenación, hace 20 años, decía:

 

Bendice, Señor, a quienes me han ayudado a responder a tu llamado.

 

Pbro. Ricardo Giraldo

 

 


10/26/2005


Inicio de Página . Página Principal . Tabla de Contenido . PF . Copyright . Contáctenos